Daños colaterales del catalanismo en la Iglesia

La afirmación anterior de Vallet de Goytisolo, en la que advierte que el peligro de «ruptura» para las instituciones catalanas puede venir de cualquier parte y en cualquier momento nos lleva a algunas reflexiones. Se podría ilustrar con un ejemplo aparentemente anecdótico sobre este tipo de altares sacramentales de las iglesias que tienen privilegios especiales según se llamen o no testamento; uno de estos privilegios es el altar de San Félix dentro de la Iglesia de los Santos Justo y Pastor de Barcelona, al que se le han concedido ciertos derechos por celebrar un sacramento en su lugar más sagrado y al que sólo se permite el acceso de unas pocas personas durante los oficios debido únicamente a estas garantías que tienen todos los miembros que participan.

Un ejemplo interesante de cómo se puede desactivar la tradición lo encontramos en Cataluña. El parlamento autonómico de ese país derogó una ley obsoleta que exigía que los testamentos se juraran ante el altar en un plazo de seis meses, con la presencia de al menos dos testigos durante el proceso, con notario y sacerdote o rabino residente en su caso (para los judíos). Este testamento también tiene peso legal porque fue supervisado por tres partes distintas, una de ellas un funcionario religioso que juró preservar estas tradiciones para la posteridad

Este testamento seguiría siendo válido hoy en día, incluso sin sus antiguos orígenes, honrados tan vívidamente aquí: «con todas nuestras esperanzas puestas en el cielo»

Los catalanes son muy conscientes de que la ley se ha impuesto sobre sus costumbres y tradiciones. El peligro que Lluis Figa Faura menciona en su libro puede cumplirse, «que la costumbre acabe siendo obsoleta por ser mera tradición» Esto podría significar la muerte de la propia identidad legal como ciudadana catalana; en otras palabras, esta mujer siente que ya no pertenece a una sociedad siempre cambiante a su alrededor.

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