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Menorca y las artes decorativas

El centro de artes Ca n’Oliver alberga, sin duda, los mejores ejemplos de artes decorativas de nuestra isla. Se basa en las colecciones donadas al Ayuntamiento por los descendientes de Hernández Sanz y Jerònima Taltavull, que ocupan las plantas primera y segunda del edificio.

Las artes decorativas abarcan una gran variedad de procedimientos y técnicas, como muebles, cerámica, cristalería, tapices, orfebrería, esmaltes, etc. También se llamaban artes menores para distinguirlas de las artes mayores, las bellas artes, porque se les daba un estatus inferior. Es cierto, sin embargo, que en algunas culturas y periodos históricos esta distinción no se entendía así. Así ocurrió en la Grecia clásica, donde la cerámica se consideraba un arte mayor, o en China, donde el trabajo de la laca no se diferenciaba de la pintura. También debemos recordar que los movimientos ingleses Arts & Crafts y Modernismo de finales del siglo XIX reivindicaron la unidad de las artes y que el Museo de Arte Moderno de Nueva York presta cada vez más atención a las artes decorativas.

Calificar a un artista de «hacedor», que crea, y a un artesano de «creador», que fabrica, puede dar lugar a algunos malentendidos, porque hubo artesanos que introdujeron avances estilísticos y artistas que practicaron las artes decorativas. La cerámica de Pablo Picasso es un ejemplo, pero hay muchos otros, como los cartones para tapices de Rafael Sanzio y Francisco de Goya, los bocetos para tapices del artista flamenco Quinten Massys, o los dibujos de orfebrería del pintor Hans Holbein y el escultor Benvenuto Cellini.

Las artes decorativas gozaron de gran prestigio en Menorca a lo largo de los siglos XVIII, XIX y principios del XX, especialmente los camafeos, las flores de porcelana y las tachuelas de plata.

Los camafeos consistían en el grabado en relieve de piedras duras como ágata, coral-lino, marfil, moluscos y nácar, muy extendido entre los siglos XV y XVII. Pero la edad de oro de los camafeos fue el siglo XIX, gracias al impulso de la reina Victoria y del emperador Napoleón Bonaparte, cuando los camafeos adornados con un tope se convirtieron en un signo de estatus social y económico entre las mujeres. Esta tendencia también llegó a Menorca, y el padre de Hernández Sanz, Francesc Hernández Carreras (1794-1868), ya destacaba en el grabado de camafeos, además de ser un reputado platero, autor de la mayor parte de las acuarelas de plata y de la maza de plata de la segunda maza del Ayuntamiento de Maó en 1851. Su hijo, Joan Hernández Pons (1830-1894), es el autor de los camafeos expuestos en Ca n’Oliver. Se trata de efigies de personajes célebres realizadas en porcelana, una porcelana típicamente europea obtenida mezclando arcilla blanca con vidrio y porcelana china. La porcelana también estaba hecha con coral-lina, lo que le valió una medalla de plata en la Exposición Universal de Barcelona de 1888.

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El Archiduque Lluís Salvador menciona en su libro La isla de Menorca en texto e imágenes la existencia de la «industria marisquera». Se refería a la fabricación de templetes, estuches y cestos de petxines, una producción que adquirió gran prestigio en la isla hasta el punto de ser presentada en la Exposición Universal de Viena de 1873. Artesanos como Margarita Hernández, Lucas Carreras y Joan Hernández Pons se distinguieron y obtuvieron numerosos premios y galardones. La demanda procedía principalmente de los marineros que recalaban en el puerto de Maó y los compraban como recuerdo o regalo. Su éxito no pudo ser satisfecho por las escopinyes de las playas de Menorca y hubo que importarlas de Eivissa. En Ca n’Oliver, dos magníficas flores de xel dan testimonio de ello.

Una de las artes decorativas más populares en Menorca son, sin duda, las tachuelas de plata. Se trata de un trabajo de orfebrería exclusivo de Menorca (era el único centro de producción en España) que se exportaba a todo el mundo, desde Alemania (el mayor importador) hasta Angola, Japón, Egipto y América. Su origen es incierto; algunos creen que lo inventaron los plateros menorquines inspirándose en las alfombras de pescadores, una teoría muy sugerente pero poco probable. Lo que es seguro es que los jefes de plata forman parte de una larga tradición de plateros y orfebres de la isla. Hernández Sanz afirma que en 1712 había diez plateros, la mayoría en Maó, y en 1896 había treinta y setenta plateros. El nacimiento de los jefes de plata se remonta a 1840, cuando Joan Tudurí fabricó el primero y pronto se convirtió en el primer exportador de Menorca. Margarita Caules Ametller, en su libro Bolsas de malla de oro y plataproporciona información crucial para comprender el tamaño de la industria. En 1919, la producción de bossae de plata era de 600.000 piezas. Una bossa tenía un peso medio de 40 gramos y en ese año un kilo de plata valía 200 pesetas. Una actualización del valor total en 1983 dio ¡2.128 millones de pesetas!

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Periodista en Gaceta Balear

Martina Rodríguez es periodista española nacida en Mallorca, España, en 1965. Comenzó su carrera trabajando como reportera local para el Diario de Mallorca. En 1993, fue contratada por el periódico nacional El País, donde trabajó como corresponsal en la oficina de Madrid. También ha trabajado como periodista independiente para varias publicaciones, incluyendo El Mundo y The Guardian. En los últimos años, ha sido colaboradora habitual de la revista online Gatopardo.

Rodríguez está considerada como una de las principales periodistas españolas. Ha ganado varios premios por su trabajo, entre ellos el Premio de la Asociación de la Prensa de Madrid (2003) y el Premio Nacional de Periodismo (2007). En 2010 recibió el prestigioso Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades.

Rodríguez también ha participado activamente en la promoción de la libertad de prensa y la libertad de expresión en España. En la actualidad colabora con el diario de las islas baleares: Gaceta Balear.

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