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El obispado de Mallorca admite los abusos sexuales de un sacerdote a una mujer y le prohíbe oficiar misa | Sociedad

EL PAÍS inició en 2018 una investigación sobre la pederastia en la Iglesia española y ha base de datos actualizada con todos los casos conocidos. Si conoces algún caso que no haya visto la luz, escríbenos: abusos@elpais.es. Si se trata de un caso latinoamericano, la dirección es: abusosamerica@elpais.es.

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Prohibición de celebrar la Eucaristía en público durante tres años e indemnización económica a la víctima. El obispado de Mallorca ha reconocido así los abusos sexuales de Julià Cifre Vanrell, sacerdote de la diócesis acusado por una mujer de abusar de ella durante 26 años. La diócesis emitió el martes un comunicado en el que anunciaba el veredicto de su tribunal canónico, como conclusión de un procedimiento interno que en realidad duró casi tres años, desde que la víctima lo denunció en septiembre de 2020. Nada se movió hasta que el caso, incluido en el cuarto informe de abusos de EL PAÍS, entregado a la Iglesia y al Defensor del Pueblo el pasado mes de junio, salió a la luz en la prensa la semana pasada, anticipado por el Diario de Mallorca. El Papa ordenó en 2019, en el artículo 14 del documento. Vos est lux mundi, que las investigaciones de los casos de pederastia duran un máximo de 90 días. La diócesis explica que «aunque es cierto que tardó más de lo debido, por razones ajenas al obispado, el proceso penal administrativo siguió su curso y terminó cuando terminó; la publicación en la prensa no tuvo nada que ver con ello».

El obispado de Mallorca admite ahora la «extraordinaria gravedad» del comportamiento del sacerdote, cuya «mala conducta» causó «daños físicos y psicológicos» a la víctima. La historia de esta mujer es especialmente grave, ya que también ha denunciado a la Iglesia por los abusos de otros dos jesuitas, que su orden ya está investigando y por los que ha pedido perdón: Fernando Meseguer Ruiz y Luis Añorbe Sádaba. En otras palabras, sufrió abusos de tres sacerdotes al mismo tiempo durante un periodo de tres décadas. En el caso de Meseguer, la mujer afirma que los abusos comenzaron cuando era menor de edad, en la Congregación Mariana del Colegio Montesión de Palma de Mallorca. Ahora han surgido otras dos acusaciones contra el mismo jesuita zaragozano, pero la orden dice que no dispone de los detalles.

La sentencia de la diócesis de Mallorca impone a Cifre, además de la prohibición de celebrar misas en lugares distintos a su domicilio, la obligación de escribir una carta a la víctima ‘disculpándose por todo el dolor que le ha causado’. También se le «insta» a llevar «una vida de reclusión, oración y penitencia» y a abstenerse de ponerse en contacto con la víctima o sus familiares. Según el episcopado, este sacerdote era responsable de las parroquias de Bunyola, Palma, Palmanova, Santa Ponsa y Paguera, todos ellos municipios de la isla balear.

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En los procedimientos canónicos, los que lleva a cabo la Iglesia con sus tribunales y según sus normas, la pena máxima es la expulsión del sacerdocio. Sin embargo, en este caso, la diócesis argumenta que, al no considerar los hechos equiparables a abusos a menores o personas con capacidad limitada, el sacerdote no fue castigado con la privación de su condición sacerdotal.

Por último, el obispado de Mallorca expresa «su petición de perdón a la víctima y su disposición a seguir acompañándola en su proceso terapéutico, espiritual y económico» y subraya su «rotunda condena» de los abusos y su voluntad de buscar la verdad y colaborar con las autoridades judiciales en el proceso abierto.

«Yo no inventé nada»

Tras dictar sentencia el lunes, el tribunal eclesiástico se reunió con la víctima. «La reunión fue fantástica», resumió la mujer en una conversación con este periódico. «El padre Nadal Bernat [el vicario episcopal] creyó en mí desde el principio y como fiscal fue excelente. Me dieron la sentencia y me pidieron que escribiera la carta pidiendo una compensación económica», continúa la mujer, que en el momento de la denuncia ya había entregado los gastos de psicofármacos, psicólogos, terapias manuales y musicoterapia. Aún no ha hecho el cálculo, pero se trataría de una cantidad media de entre 1.500 y 2.460 euros al mes, variable entre 1997 y 2023: ‘Siempre he pagado todo yo sola, pensando en quitárselo a mi familia, pero también intentando evitar mi propio suicidio’. Y añade: ‘Nunca he actuado por dinero’.

Para esta mujer, lo más importante es que se haya reconocido que lo que dice «es verdad». «Que no me he inventado nada», dice. En 1994, cuando tenía 24 años, acababa de dejar la casa de sus padres. Dice que durante ese tiempo, y hasta los 50 años, sufrió abusos sexuales por parte de Cifre, a quien conocía desde niña, ya que era amigo de la familia. «Aunque no me penetraba, eyaculaba. Me obligaba a tocarle el pene y estaba obsesionado con besarme y acariciarme las tetas. Cuando estaba en el hospital, me visitaba. Rezábamos, me daba la comunión y me subía el camisón para abusar de mí», recuerda la víctima.

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Fernando Meseguer (centro), denunciado por abuso sexual por una mujer, toca la guitarra con dos jóvenes. FOTOS CEDIDA

Sin embargo, la sentencia del obispado balear sólo cierra un capítulo de la historia de esta mujer. La mujer sigue esperando respuesta de los jesuitas, orden a la que denunció a Fernando Meseguer Ruiz y Luis Añorbe Sádaba en abril de 2021. En el caso de Meseguer, los abusos que denuncia comenzaron cuando era menor de edad, a los 15 años, en la Congregación Mariana del colegio Montesión de Palma de Mallorca, y duraron hasta los 51 años. En cuanto a Añorbe, según su denuncia, comenzaron cuando tenía 18 años, también hasta los 51. El auto confirma a EL PAÍS que, en el caso de Añorbe, se archivó el proceso canónico en 2022 y se le impuso un precepto penal con el que se declararon firmes las medidas cautelares impuestas: restricción de movilidad, limitación completa de su actividad pastoral y prohibición de actividades con menores y adultos.

Otras dos acusaciones en Zaragoza contra el mismo jesuita.

Segundo informó el lunes el Heraldo de Aragón y confirmado a EL PAÍS por una portavoz de los jesuitas, Fernando Meseguer está siendo investigado por otras dos denuncias que se le hicieron mientras ejercía en Zaragoza. La primera denuncia que recibió la orden fue de una mujer de Palma de Mallorca, en 2021. Una vez más, el efecto de que los casos de abusos se hagan públicos es evidente: después de que la denuncia de Mallorca apareciera en la prensa, la semana pasada los jesuitas recibieron correos electrónicos de dos personas que denunciaban un posible caso de «conducta impropia» y otro de «posibles abusos» por parte de este sacerdote. El sacerdote sirvió en dos periodos distintos en el colegio El Salvador de Zaragoza -entre 1977 y 1981 y de 1990 a 2007- y también estuvo en el noviciado que la Compañía tuvo en la capital aragonesa durante el curso 1984-1985 y en el colegio de los jesuitas de Oviedo entre 2016 y 2021.

«Mientras investigamos, seguimos esperando la resolución del Dicasterio para la Doctrina de la Fe sobre la denuncia de Mallorca», explican los jesuitas, que aseguran que siguen vigentes las medidas cautelares que se le impusieron: restricción de movilidad, limitación total de sus actividades pastorales, prohibición de actividades con menores y adultos. «Vive en una comunidad jesuita que reúne las condiciones para garantizar el cumplimiento de estas medidas», afirman.

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Periodista en Gaceta Balear

Martina Rodríguez es periodista española nacida en Mallorca, España, en 1965. Comenzó su carrera trabajando como reportera local para el Diario de Mallorca. En 1993, fue contratada por el periódico nacional El País, donde trabajó como corresponsal en la oficina de Madrid. También ha trabajado como periodista independiente para varias publicaciones, incluyendo El Mundo y The Guardian. En los últimos años, ha sido colaboradora habitual de la revista online Gatopardo.

Rodríguez está considerada como una de las principales periodistas españolas. Ha ganado varios premios por su trabajo, entre ellos el Premio de la Asociación de la Prensa de Madrid (2003) y el Premio Nacional de Periodismo (2007). En 2010 recibió el prestigioso Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades.

Rodríguez también ha participado activamente en la promoción de la libertad de prensa y la libertad de expresión en España. En la actualidad colabora con el diario de las islas baleares: Gaceta Balear.

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