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El municipio más rico, a la sombra de Ushuaïa, por Pepe Roselló

Hace unos días, el Ayuntamiento de Sant Josep presentó sus presupuestos para 2022, el mayor número jamás gestionado por esta institución y, en palabras del propio alcalde, también el más ambicioso. Mientras personal del gobierno felicita estos 41 millones de euros, me sorprende que las cuentas del ayuntamiento más rico de la isla estén todavía cuatro millones por debajo de la facturación de Ushuaïa, que es solo uno de los innumerables negocios que dirige Empresas Matutes y que se caracteriza precisamente por su origen opaco.

Sorprendentemente, esta discoteca de hotel explotó en la isla para hacer estallar su modelo turístico, utilizando la declaración responsable como un caballo de Troya. Esto no tuvo en cuenta nuestro ordenamiento jurídico hasta 2009, cuando entró en vigor la directiva Bolkestein, impulsada por la Unión Europea. Si bien esta nueva fórmula nació con el fin de acortar el trámite de expedientes y aliviar la burocracia administrativa, terminó actuando como un sórdido atajo en el que se resuelven proyectos de cuestionable legalidad por el silencio administrativo, ante la falta de medios administrativos para responder a tiempo. estos archivos.

De este desierto administrativo surgió, por tanto, el primer hotel-discoteca de Ibiza, que convirtió un alojamiento ordinario con capacidad para unos cientos de personas en una sala de banquetes al aire libre para varios miles. Todo ello, decíamos, con una simple declaración responsable, que inicialmente fue rechazada por el Ayuntamiento de Sant Josep, pero que acabó siguiendo su rumbo y hoja de ruta a través de las oficinas, hasta que fue instalada y sancionada. Y para sorpresa del sector del ocio nocturno y de la propia sociedad ibicenca, que de pronto descubrió, con el apellido adecuado, que una macro-discoteca se puede construir desde cero, sin puertas, paredes ni techos. Con esta y otras decisiones menos comprensibles (ver pifias urbanas de Cala Vedella), Sant Josep es un ejemplo del modelo decadente como cualquier otro. Incluso con la insignia del socialismo, de su mayor minoría, ahora es una administración de élite, burguesa y completamente desleal al resto de la isla.

Esta extraordinaria inacción urbana permitió a Ushuaïa obtener una ganancia multimillonaria, a expensas de la destrucción de decenas de empresas. Todo esto sin siquiera tener una licencia de actividad vinculada a lo que realmente hacía.

El aderezo para ensaladas está terminado desde 2011, después de que el PP ganara las elecciones autonómicas y preparara una ley de turismo para consolidar el disparate. Este partido, al igual que el PSOE, adolece de fidelización de clientes con puestos de trabajo, subvenciones y reformas que benefician los intereses de sus seguidores o adictos. La envergadura y dimensiones de estos privilegios pueden ser modestos o absurdos, y cuando se agota el sinsentido hay que acompañarlo de las medidas y correcciones necesarias, incluso a costa de destruir la convivencia y el equilibrio de toda una isla. Se suma aquí la corporación ilimitada Ocio de Ibiza, asociación de blanqueo de capitales que actúa sin justicia, teniendo en cuenta las implicaciones o perjuicios que provocan a terceros. El laboratorio es uno de los componentes más expresivos del fascismo, junto con el nacionalismo y la xenofobia. La democracia y sus leyes se interpretan y traducen en la protección, seguridad y libertades de los ciudadanos, con sus derechos y obligaciones, a fin de crear una comunidad armónica y pluralista. En la isla, sin embargo, vamos como cangrejos.

El exalcalde Agustinet, que dimitió del Govern balear antes de que estallara en su contra el drama social de Don Pepe, vio nacer a Ushuaïa con ese cúmulo de irregularidades y no movió un dedo cuando todo estaba a su favor. Ni los hablantes del exterior, que lograron tan gran inocencia overbooking todas las noches, defendiendo el lema de «un hotel que nunca duerme», o cobrando entradas a miles de no residentes Agustinet tomar el toro por los cuernos, como estaba obligado a hacer. Poco a poco, eso se convirtió en un tsunami que sacudió la isla y causó graves daños a las estructuras comerciales y al equipamiento legal.

Con estos precedentes, no me sorprende menos en este momento la realidad actual. Agustinet. Si fuera un político inteligente y activo, utilizaría la relación Don Pepe, un drama humano inevitable que protege sus hogares, finanzas y salud para muchas familias, para presentarse ante Comhairle na nOileán como un candidato exitoso. Le bastaba una propuesta transitoria más sencilla y mucho más polémica que la que ideó para legalizar los hoteles Matutes.

Al increíble abandono del Ayuntamiento se suma el abandono de las funciones del Consistorio Insular, que, en virtud de los cambios en la regulación, orientación, promoción y planificación turística, es depositaria de la capacidad de regular el lío en el que la la industria del entretenimiento entra en juego. Sin excepciones urbanas ni territoriales, bajo una visión holística que encarna las reglas del juego algunas de las cuales no favorecen en detrimento de otras, y que promueve una transparencia que equilibre a todos en oportunidades.

El resumen de esta década de ciencia ficción es que el Ayuntamiento de Sant Josep se convirtió en juez y árbitro de la situación que llegó y se creó al servicio de unos intereses particulares, y que marcó los intereses del resto de instituciones y de los municipios como montera. , incluido el órgano superior de la isla: el Consejo Insular. «Gaudeamus Igitur», como cantan los alumnos.

Para Pepe Roselló

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